Nuevos datos sobre antiguas minas de hierro en pizarras paleozoicas

Merku 2 (Cuenca del Río Leizaran)

merku1Resumen

Se describe una antigua mina que explotaba un filón de siderita en el flanco Sur del monte Urepel, cuenca del río Leizarán (Norte de Navarra, limítrofe con Gipuzkoa). La mina se desarrolla en una unidad geológica de esquistos, pizarras y grauvacas de edad Carbonífero (Paleozoico). Cerca de ella, en un trabajo previo describimos la mina de Merku, que posee espeleotemas de chrysocolla, malaquita, goethita, hematita, yeso y otros minerales secundarios, de llamativos colores (turquesa, verde, rojo, anaranjado, negro, amarillo, blanco).

La mina objeto de esta nota (Merku 2) se encuentra en la misma región, y es parte de un sistema de galerías interrelacionadas. La actividad minera (que cesó hace más de 100 años) se centró en la extracción de mineral de hierro, en filones polimetálicos con ganga de siderita, y también de cierta cantidad de cobre (calcopirita). La mina Merku 2 es considerablemente más extensa, posee grandes salas, comunicaciones con zanjones a cielo abierto, galerías secas y semiinundadas, y diversos puntos con derrumbes, espeleotemas y 22 especies de fauna cavernícola, por lo que resulta interesante. El trabajo describe la cavidad y sus principales rasgos de interés biológico y geológico, ilustrándolos con fotografías a color. Se comenta y discute la evolución experimentada por la cavidad tras el cese de la actividad minera.

Introducción

Las minas, en tanto cavidades artificiales, son producto de una actividad extractiva por parte del ser humano, el cual ha modificado el medio natural de distintos modos. Cabe decir que la agricultura o la vialidad también modifican el paisaje natural.

Estas acciones han acompañado al desarrollo de la humanidad sobre el planeta, a partir del Neolítico. Y del mismo modo que la agricultura aporta alimentos, o la vialidad facilita los desplazamientos, la minería ha aportado al hombre metales, rocas y minerales, que han sido consustanciales a la formación de su sociedad y su organización económico-social, tal como las conocemos.

Las minas aportaron materiales de utilidad para el hombre, desde las primitivas herramientas y objetos de hierro y cobre hasta la moderna maquinaria industrial y sus producciones. En el pasado su trascendencia e interés se cifraba en la obtención de materiales útiles y en el alto número de puestos de trabajo que con frecuencia necesitaba. Si bien es cierto que históricamente la minería a cielo abierto ha representado el expolio desconsiderado de la tierra, fruto de una antropización desmedida y poco o nada preocupada por la naturaleza y el medio ambiente, la explotación minera subterránea (a partir de galerías que siguen los filones de minerales) ha tenido otras connotaciones, menos agresivas, sin omitir obviamente sus pasivos medio-ambientales. En paralelo, la minería ha requerido el apoyo de la ciencia y de la técnica (desde los trabajos preliminares de prospección e investigación, pasando por las actividades de explotación y concluyendo con los procesos metalúrgicos). Pero a su vez ha hecho aportes significativos para el conocimiento geológico del subsuelo y el desarrollo tecnológico.

merku2Las minas, como los sondeos, son excelentes puntos de observación geológica, de aspectos litológicos, mineralógicos y estructurales; son “ventanas” que permiten una observación, visual y directa, que supone un importante aporte para el conocimiento geológico de una región. La explotación de una mina permite reconstruir la geometría tridimensional de un yacimiento, investigarlo y reconocerlo. Existen minas subterráneas que alcanzan grandes profundidades (se ha alcanzado -4.000 m de profundidad en las minas de oro de Mponeng y Teutona, en la región de Wits, Sudáfrica), constituyendo sondeos a gran escala en la parte superior de la corteza terrestre, o en materiales mantélicos, como las chimeneas diamantíferas de kimberlita. A menor escala la actividad minera expone a la acción del agua subterránea y a los procesos atmosféricos volúmenes de roca que de otra forma no hubieran estado expuestos, o no del mismo modo ni en tal extensión. La fisuración de la roca, su grado de permeabilidad, y su comunicación natural con redes de vacíos intergranulares, mesocavernas y cuevas sin comunicación con la superficie, facilitan y extienden las circulaciones de agua subterránea y aire al ser interceptadas por galerías artificiales. El sistema resultante suele drenar hacia las galerías de mina, y puede resultar así erosionado y retrabajado. Y al igual que en las cuevas naturales pueden formarse numerosos minerales secundarios, en forma de espeleotemas, así como diversos rellenos sedimentarios.

Desde otro punto de vista, conviene también destacar que las galerías de mina constituyen un hábitat subterráneo de reciente creación, susceptible de ser colonizado y poblado por microorganismos y animales cavernícolas, al igual que ocurre en el mar con los pecios y arrecifes artificiales. Las minas abandonadas, como otras cavidades artificiales, pueden estar en comunicación (y a menudo lo están) con mesocavernas y medios hipógeos transicionales (Juberthie, 1983; Galán, 1993, 2003). También presentan cierto contenido en materia orgánica y microorganismos (principalmente bacterias) cuya actividad metabólica aporta nutrientes al medio a la vez que interviene en procesos de meteorización de la roca y formación de espeleotemas o nuevos minerales secundarios (Northup & Lavoie, 2001; Northup et al, 1997). La actividad de las bacterias quimioautótrofas de hecho está en la base de las redes alimentarias que sostienen a las especies troglobias, ya que aportan vitaminas, oligoelementos y factores de crecimiento, ante la ausencia de organismos fotosintetizadores en la oscuridad del medio hipógeo (Galán, 1993). En este sentido, la acción de las bacterias en las cavernas y minas consiste en determinar los cambios que sufre la materia orgánica, ya sea en el sentido de su mineralización o ya en el de su síntesis, obteniendo energía para estos procesos a través de la oxidación o reducción de compuestos inorgánicos.

merku3A medida que se incrementa la infiltración, estos procesos se aceleran, a la vez que se amplían las fisuras de la roca y se produce la captura y formación de sistemas de drenaje subterráneo, que desaguan hacia las galerías de mina. De este modo se crea un sistema hipógeo en roca inicialmente compacta, que, aunque en su origen es artificial, progresivamente va adquiriendo características que lo asemejan a cavidades naturales. Cesada la actividad extractiva, el paso del tiempo y la infiltración de las aguas van retrabajando y remodelando los espacios subterráneos, pudiendo producirse colapsos, ampliaciones de galerías por procesos erosivos y formación de espeleotemas.

La fauna de ecosistemas limítrofes, en progresiva sucesión, puede ir poblando estos ambientes. Incluso con especies de vertebrados. Así es frecuente que una alta proporción de las especies de quirópteros de una región, sobre todo si en ella no existe el karst ni cuevas cercanas, utilicen las galerías abandonadas de minas como refugios o lugares de reproducción y descanso, de modo estacional o regular. Una suma de rasgos que hacen de este tipo de minas un ambiente hipógeo adicional, que se asemeja a cavidades naturales en grado variable, y que resulta en consecuencia de interés científico geológico, biológico y medio-ambiental.

Texto completo del trabajo en PDF: http://www.cota0.com/wp-content/PDFS/minamerku2.pdf 

Carlos GALAN, Marian NIETO, Iñigo HERRAIZ & Ainhoa MINER

Laboratorio de Bioespeleología. Sociedad de Ciencias Aranzadi

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