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Los espeleólogos José María Elejalde y Miguel Ángel
Ulibarri cuentan en un libro cómo se las ha apañado Vitoria para
captar agua desde el siglo XIII.
Abrir el grifo cada mañana y mojarnos la cara con agua fresca es
mucho más que una rutina diaria. En Vitoria, podría calificarse
de un lujo, ya que conseguir que cada habitante de la ciudad
disponga cuando quiera y donde quiera de este bien tan preciado
nunca fue fácil. Sobre todo en los tiempos en que reinaba
Alfonso X y la ciudad empezaba poco a poco a despertar.
Las dificultades que tuvieron las autoridades para el
abastecimiento de agua y los diferentes proyectos que idearon
desde el siglo XIII se desgranan ahora en 'Agua para Vitoria',
un libro escrito por José María Elejalde y Miguel Ángel Ulibarri,
y editado por la sociedad municipal de aguas, Amvisa.
"Hace tres años José Antonio Zabala, gerente de Amvisa, nos
propuso hacer este trabajo porque se dio cuenta de que existía
un vacío de información y que era necesario hacer un estudio
sobre las aguas en Vitoria", informó Elejalde.
Los dos expertos de la espeleología alavesa presentaron ayer
esta nueva publicación de alrededor de 200 páginas ilustradas
con fotografías tomadas por los autores, así como documentos,
planos, mapas e imágenes antiguas cedidas por el Archivo
Municipal y la Institución Sancho el Sabio.
"Se trata de un inventario de los recursos que se
han utilizado desde el siglo XIII hasta la actualidad: desde la
traída de agua de los riachuelos de la zona este y sur de
Vitoria hasta los embalses de Ullíbarri y Santa Engracia",
explicó Elejalde.
El punto de partida se sitúa en 1.281, cuando se inauguró el
cauce de Los Molinos. "En aquella época se recogía el agua de
los riachuelos de la zona este de la ciudad. Después, se pasó a
utilizar los de la zona sur, hasta que debido al crecimiento de
la población en 1870 comenzaron a bajar las aguas de las cuevas
del Gorbea", matizó el espeleólogo.
Nueve años más tarde, se realiza la famosa perforación en la que
en aquellos tiempos se conocía como plaza Vieja y que ahora es
la de la Virgen Blanca. "Se hizo una perforación de 1.021
metros, la más profunda de Europa. Pero el agua no apareció por
ninguna parte, así que tuvieron que abandonar la idea", indicó.
Los problemas con el abastecimiento de agua no se solucionaron
ni con la creación de embalses en el Gorbea, ni tampoco con la
captación de agua en la sierra de Elguea.
Veranos secos
"Había veranos secos, en los que se tenía que
racionar el agua porque no había", señaló Elejalde. "Después de
todo, lo único que pudo solucionar la falta de agua fue la
construcción en los años 40 y 50 del gran pantano de Ullíbarri
que ahora puede abastecer al Gran Bilbao, a Vitoria e incluso a
parte de Guipúzcoa", aseguró el espeleólogo.
El libro finaliza con una mención a Amvisa, sociedad que se
constituyó en 1.970 para encargarse de la captación,
distribución y depuración del agua. "Está haciendo un buen
trabajo porque a diferencia de hace años cuando sólo necesitaban
este bien para beber, ahora se han creado más necesidades
higiénicas y se gestionan las tomas de agua, las canalizaciones,
los riegos y el agua industrial", explicó Elejalde.
EL LIBRO
Título: 'Agua para Vitoria/ Ura Gasteizerako'.
Autores: José María Elejalde y Miguel Ángel Ulibarri.
Editado: Sociedad Municipal de Aguas, Amvisa.
Tema: Dificultades en el abastecimiento de agua en la capital
alavesa, y los diferentes proyectos ideados desde el siglo XIII
hasta la actualidad.
Idioma: En castellano y euskera.
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