DRA. MARIA DEL OLVIDO TEJEDOR HUERTA. ESPELEÓLOGA. MÁLAGA, ESPAÑA

REDACCIÓN

FOTOS: Propiedad de Maria Olvido Tejedor Huerta.

 

    Olvido es miembro del Grupo de Exploraciones Subterráneas de la Sociedad Excursionista de Málaga. Es Licenciada en Veterinaria por la Universidad de Córdoba, Doctora en Medicina y Cirugía por la Universidad de Málaga, Académico de Número en la Real Academia de Ciencias Veterinarias de Andalucía Oriental.

   Ha realizado Actividad Investigadora en el Departamento de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad de Málaga, desde 1992 a 1997.

   Desde 2001 lleva a cabo un estudio de la Rabia en Murciélagos con el Instituto de Salud Carlos III de Madrid, realizando capturas en diversas cuevas de la provincia de Málaga, de las que se está haciendo seguimiento durante estos años. Y ha participado en un estudio de seguimiento de la Mortandad Inusual del Murciélago de Cueva en España con el Departamento de Biología Evolutiva de la Estación Biológica de Doñana (CSIC), en el año 2002.

   En 2001 organizó las Jornadas sobre Bioespeleología en el Grupo de Exploraciones Subterráneas de la Sociedad Excursionista de Málaga, donde imparte la charla "La Rabia en Murciélagos".  En 2003 forma parte del Consejo de Redacción de la Revista "5ª Monografías Espeleológicas del GES de la SEM", editado por la Diputación Provincial de Málaga, donde publica un artículo como coautora sobre "Estudio de la Rabia en Murciélagos".

   Ha impartido dos cursos monográficos de Bioespeleología en el GES de la SEM (2004 y 2005), englobándose el primer año dentro del Curso de Formación impartido por el club. Juez técnico-deportivo de la FAE desde 2002, ese mismo año formó parte de la expedición México 2.002,  y ha participado también en la expedición espeleológica internacional a Cuba en 2003; así como en cinco Campañas de Exploración de la Sima del Aire y dos de la Sima Prestá, ambas de Tolox (Málaga).

   En el año 2005 participa en la grabación de un programa de “Al filo de lo imposible” de TVE junto a otros miembros de su club, centrado en las exploraciones de la Sima del Aire y del Sifón de Zarzalones. Forma parte del Cuadro Técnico de Formación de la Federación Andaluza de Espeleología, y durante este año impartirá dos cursos, uno dedicado a la Bioespeleología dentro del I Curso de Técnicos Deportivos en Espeleología de Nivel 2 en Julio; y en septiembre será la directora del III Curso de Técnicos Deportivos en Espeleología de Nivel 1, donde impartirá la misma materia.

   Profesora e integrante del equipo coordinador del portal “Escuela Abierta de Espeleología” que el GES de la SEM está poniendo en marcha este mismo año.

   En el mes de Mayo acaba de recibir el “Premio A la Mejor Trayectoria Espeleológica Personal Femenina”, en los Premios Espeleo 2.007 de Grupo de Espeleología de Villacarrillo (Jaén).

    Hemos conseguido robarle un poquito de su tiempo y que nos dedicara unos momentos, entre el ajetreo de sus actividades, para conocerla un poco más.

¿Cómo llegaste a la Espeleología?

   Era una asignatura pendiente, siempre me había atraído el tema de las cuevas; pero mientras estudiaba la carrera en Córdoba no tenía mucho tiempo para dedicarme a otras cosas y, sobre todo, la gente que me rodeaba era ajena a este mundillo, y cuando yo decía que me gustaría hacer algo de espeleología les parecía una “excentricidad”, algo fuera de contexto y de lo normal, vamos. Fue en el año 1.993 cuando me invitaron a hacer la travesía de Gato y no me lo pensé dos veces: la verdad es que ese año fue una ruptura en muchos aspectos de mi vida, y uno de ellos fue ese; desde entonces ya no paré de hacer espeleo. Al principio de piratilla, sin federar y, eso sí, sobre todo realizábamos la travesía de Gato. Pero eso me dio tablas en principio para luego seguir visitando otras cuevas. Fue ya a finales del año 1.994 cuando me eché un "noviete" espeleólogo (un tal Rogelio Ferrer, que ya conocía yo de los tiempos de instituto pero que nos habíamos perdido la pista) y me formalicé: me federé en el GES de la SEM y ya hice mi curso de iniciación en condiciones. Y ahí estoy desde entonces.

¿Por qué ésta actividad? ¿Qué te reporta? ¿Qué has encontrado en la Espeleología que otro deporte no te ofrezca?

   No sé exactamente el porqué, pero desde siempre me han atraído las cuevas: cuando salíamos al campo, como yo viera un boquete ahí que me metía. Por supuesto, poca cosa, sin la preparación ni los medios (con linternas mondas y lirondas) poco podía hacer. En principio fue la atracción del mundillo subterráneo, lo desconocido. Después me enganchó la actividad física: eso de salir oliendo a carburo y con agujetas por músculos que no sabía ni que existían me encantaba; el lunes en lugar de estar hecha polvo tenía una sonrisa de oreja a oreja.

   Además, me resulta un deporte en el que haces actividad física pero que a la vez te distrae mucho y, sobre todo, no me era monótono: cada salida era diferente a la anterior. Otro aspecto fue conocer a la gente: personas que fuera apenas tratas, después de haber compartido una cuerda o un ratito de carburo ya pasan a ser colegas; incluso algunas situaciones te proyectan de verdad cómo son algunas personas, al ver sus reacciones en determinadas circunstancias. Por supuesto, para poder disfrutar más, ya me picó el gusanillo de entrenarme entre semana, y la diferencia fue abismal, la técnica mejoró notablemente de este modo al tener más confianza en tu fortaleza física.

   Yo antes no realizaba ningún deporte, excepto hincar los codos y andar, eso sí, y algo de baile y yoga, pero ya está. Y por último me enganchó la faceta científica: hacer salidas a topografiar, a explorar o a hacer fotos; y después vino la oportunidad de estudiar los murciélagos, que no me llovió del cielo, sino que me lo curré yo buscando contactos hasta que un día me llamaron del Instituto de Salud Carlos III para ver si quería colaborar en el estudio multicéntrico sobre la rabia, y que acepté de cabeza, claro está.

¿Hacía que disciplina te inclinas preferentemente?

   Creo que en la cuestión anterior ya lo dejo entrever: he pasado por todas las facetas y todas me parecen importantes e interesantes; aunque finalmente, también asociada a mi profesión, la faceta científica es la que más me ha enganchado.

   Pero como dije, he pasado por las demás y también me entusiasmaron. Creo que debe probarse todo, y una cosa te va llevando a otra y tú vas eligiendo. Si no hubiera practicado la faceta deportiva y me hubiera entrenado no podría haber estado en las exploraciones de la Sima del Aire y de Sima Prestá, y no hubiera enganchado con el estudio de la fauna que allí se desarrolla, por ejemplo.

¿Crees que la participación femenina en la Espeleología esta muy alejada del índice de participación masculina?

   Sí, mucho, aunque esta distancia se va acortando cada día más.

¿Qué crees tú que aleja a la mujer de ésta actividad?¿Y cuales crees que son los atractivos que podrían atraerla?

   No estamos hablando precisamente de un deporte o una actividad de lo más popular: no sabes lo que te vas a encontrar ahí dentro, sales de barro hasta las orejas y hay muchos “bichos” desconocidos. Hay que reconocer que los hombres son más osados para meterse en lugares más expuestos o desconocidos, y les da menos miedo encontrarse con cualquier habitante inoportuno.

   Además, siempre se ha tenido como una actividad dura, que requiere fortaleza física. No soy machista ni por asomo, pero reconozco que hay condicionantes que para un sexo u otro de entrada nos dirigen hacia un lado u otro, y de tu mano está tomar ese camino o no.

   Cuando yo quise estudiar veterinaria esa era un profesión tradicionalmente de hombres, pero cada vez hay más mujeres, ¿y qué?. Pues de entrada chocaba, pero ya la sociedad lo ha asimilado y ya no extraña ver a una fémina hacer actividades que tradicionalmente son asociadas al sexo masculino (y viceversa, ya anuncian cremas faciales para los hombres ¿o es que a ellos no les salen arrugas ni se les seca la piel?). En la condición de la persona está que le atraiga un deporte como éste, ya no se piensa tanto en que sea hombre o mujer; y divulgar y dar a conocer lo que se cuece ahí dentro (que no hay dragones y que hay medios para bajar  pozos profundos con seguridad) es lo que puede animar a cada uno a desarrollar una posible faceta, dejando claro que a mi entender este es un deporte con cabida para todos: sólo tienes que tener claro cuál es tu nivel, ir descubriéndolo poco a poco, y viendo que siempre hay algo atractivo para hacer o conocer sea cual sea tu condición.

Formas parte del cuadro formativo de la Federación Andaluza. ¿Crees que el actual colectivo espeleológico andaluz apuesta por la formación de los miembros de los clubes?

   Sí, y cada vez en los clubes están más sensibilizados que una mejor formación aporta muchas ventajas, entre otras una mayor seguridad, aunque sólo vayas a ir de visita. Si a esto añades que la responsabilidad ante una imprudencia es del que mejor cualificado esté, ya se cuida la gente de evitarse marrones mayores de los necesarios.

En cuanto a la espeleología científica, concretamente la Bioespeleología. ¿Piensas que esta disciplina atrae actualmente al correspondiente número de espeleólogos sensibilizados por nuestra fauna cavernícola?

   La verdad es que el número de espeleólogos interesados es aún escaso proporcionalmente hablando. Pero tengo la impresión (y la certeza) de que dando a conocer lo que puedes encontrar en una cueva hace que te sensibilices: hay que conocer para poder conservar. No se me olvidará el curso monográfico que impartí con Juan Ramón Boyero en el año 2004, que era obligatorio dentro del curso de Formación que hacía el club. La gente llevaba semanas dando caña a la técnica, entrenándose y demás, y este módulo era lo más fácil, la “maría” de las asignaturas, digamos.

   Hicimos por la noche captura de murciélagos para el muestreo de saliva: todos colaboraron cogiendo los murciélagos, enseñándoles como hacerlo para importunarles lo mínimo, los medimos, pesamos y tomamos muestras de saliva, marcamos tubos y seguimos unas pautas concretas de muestreo. Hicieron de todo. Y por la mañana entramos en la Cueva de la Fájara, penetramos sólo unos metros, pero estuvimos un par de horas. El personal alucinó, en unos pocos metros de recorrido habían disfrutado de una serie de cosas que lo normal es que se les hubiera pasado por alto en esos primeros metros de recorrido, que habrían cruzado en tan sólo unos minutos. Les dijimos: ahora vais a visitar una cueva con los ojos puestos sólo en sus habitantes, y “fliparon” con lo que vieron en unos pocos metros, y ya se lo piensan dos veces antes de pisar un charco de agua o de molestar a un murciélago que esté tan plácidamente reposando.

¿Esta recibiendo nuestra fauna cavernícola los necesarios compromisos de conservación? ¿O crees que habría que iniciar algunos proyectos concretos para la sensibilización y medidas de protección sobre ella?

   Como comenté antes, para conservar hay que conocer, y creo que la flora y fauna cavernícola son bastantes desconocidas para el colectivo espeleológico. Pero creo que esta situación va a ir cambiando poco a poco y por supuesto, hay hábitats que deberían de tener mayores medidas de protección.

   Su estudio es la única forma de poder llegar a ello.

¿Qué trato recibes del componente masculino en las actividades que participas?

   Bueno, aunque reconozco que en los inicios me sentí a veces un poco desfasada, pero hoy en día ya me he hecho mi sitio. No faltan comentarios de esos de escobas y fregonas, pero son de cachondeo y yo sigo la corriente y ahí queda la cosa.

Ya en los años 2.002 y 2.003 participaste en dos expediciones espeleológicas internacionales, una a México y otra a Cuba. ¿Cuáles fueron los objetivos que llevasteis a cabo?

   La de México fue más de turismo por mi parte, aunque mis compañeros (incluido Supercoco, la supermascota) descendieron varios de los grandes sótanos; y la de Cuba fue de exploración y topografía de diversas cavidades de la Sierra de Gibara que la gente del Club de Holguín y Gibara no habían podido realizar por falta de material, además de algo de turismo por supuesto. Y no faltaron ni el tequila ni los mojitos, por cierto.

¿Tienes en mente participar en una nueva expedición internacional?

   Por el momento no, la verdad. Pero todo se andará.

Has participado activamente en las campañas de exploración de la Sima del Aire ¿Cuáles fueron tus labores allí?

   Eso de mis labores suena regular (alguno que otro diría que barrer el vivac). En las exploraciones he participado en la topografía, fotografía y toma de muestras para su posterior estudio.

¿En que otros proyectos de exploración, de tu club, vienes participando actualmente?

   En el último año he frenado un poco y me he dedicado más al tema de la bioespeleología. Entre otras cosas he pasado un embarazo y he dado a luz el pasado marzo, lo cual te limita ciertas actividades quieras o no; pero he ido en varias ocasiones con mi barriguita a realizar captura de murciélagos, por supuesto tomando mis precauciones.

¿Cómo ves el panorama actual de la Espeleología?

   Creo que es un deporte cada vez más conocido, en el que la gente tiene claro cada vez más que hay cabida para todo tipo de público (siempre que te guste y te atraiga el mundo subterráneo, por supuesto), donde tienes la oportunidad de practicar un deporte al mismo tiempo que desarrollar un estudio científico.

   Tiene su punto científico conjugado con un toque de aventura y superación personal al mismo tiempo.

¿Qué piensas de que se haya instaurado la Competición en la Espeleología?

   Pienso que hoy en día hay que subirse al carro de lo que te rodea, y en eso hay que reconocer que la FAE ha tenido más vista que nadie, se anticipó con buen criterio.

   La competición es una faceta más, a unos le gustará más que otros; al que no le guste con no realizarla ya lo tiene solucionado. La espeleología es tan amplia que hay muy distintos campos, pero uno no tiene porqué estar inmiscuido en cada uno de ellos. Y lo bueno es que nadie te obliga a participar en las competiciones para hacer este deporte, y al mismo tiempo hay gente que se ha introducido en la espeleo gracias a la competición.

   Es una parte más y no hay que rechazarla ni acatarla religiosamente, está a mano para el que quiera; pero había que instaurarla, por supuesto.

¿Crees que las competiciones crearan la “Escuela” suficiente de nuevas generaciones de Espeleólogos? ¿Ó habría que buscar otras alternativas para acercar a la juventud a ésta actividad?

   La competición es una parte más de esta actividad, pero sin el gusanillo del conocimiento del mundo subterráneo, ese toque de aventura y atracción por lo desconocido, no llegas a su plena realización.

   La “Escuela” es una herramienta más para la cantera, pero no la única vía de ingreso. Es la opción más atractiva para la cantera de los más jóvenes, pero hay otra cantera no menos importante en esa gente “no tan joven”, que la competición en sí no les va a atraer hasta este deporte; pero que se enganchan por la mera práctica de un ejercicio físico que conlleva un interesante descubrimiento de un medio desconocido que, además, puede llevarte al desarrollo de una actividad científica.

   Yo creo que las puertas están abiertas por muy distintos frentes, pero eso sí, te tiene que atraer conocer el mundo subterráneo, y no se debe menospreciar a ese colectivo menos joven que ya se han divertido de juerga lo suyo, tienen algo más de poder adquisitivo y pelean a veces por salir de la rutina de su trabajo.

   Esta cantera también es interesante.

¿Cómo ves que nuestra actividad no este lo suficientemente reconocida por organismos y otros entes?

   Creo entre otras cosas es consecuencia del desconocimiento por parte de las autoridades de lo que implica este deporte y lo que puede aportar.

   Debemos darnos a conocer, mostrar todas las facetas que podemos desarrollar para beneficio del conocimiento de todos, y al mismo tiempo saber en qué puntos concretos deben realizarse restricciones para proteger el medio. Y precisamente este medio, la Revista Cota Cero de la que os doy mi más sincera enhorabuena, contribuye notablemente a ello.

Tus próximos proyectos.

   Ahora quiero compaginar la crianza de mi hija con actividades científicas que no me impliquen grandes ausencias de la superficie, al menos por el momento. No he parado un momento de tener proyectos en mente, y eso te mantiene viva.

Un deseo espeleológico para el futuro.

   No perder la ilusión en lo que hago, y podérselo transmitir a quien sepa disfrutarlo…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


             

 

  

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