Pilar Orche Amaré

Nació el 30 de abril de 1980, en Zaragoza. Tras vivir quince años en Madrid y diez más en Vigo, en 2005 se trasladó a Sevilla, en donde reside en la actualidad.
Comenzó a practicar espeleología en el Grupo de Exploraciones Subterráneas del Club Montañeros Celtas de Vigo, donde realizó sus primeras incursiones en los principales macizos kársticos de la Península Ibérica.

Inició su relación con el CAVEX Team y con el Cáucaso en 2003, año en el que tuvo la oportunidad de acometer exploraciones de punta en la sima Berchil’skaya, entrando por primera vez en Krúbera-Voronya, hasta los 500 metros de profundidad. Desde entonces, ha participado en sucesivas expediciones del CAVEX Team a dicha cavidad, llegando cada vez más lejos.

Es la primera mujer de la Unión Europea en superar la mítica profundidad de 2.000 metros, alcanzando la cota de -2.080 metros el día 5 de agosto de 2010. También es la primera -y, de momento, única- espeleóloga española que ostenta la condición de Deportista de Alto Nivel, reconocida por el Consejo Superior de Deportes en julio de 2011. Además, desde marzo de 2012 figura en la Relación de Deporte de Rendimiento de Andalucía de la Secretaría General para el Deporte de la Junta de Andalucía, en donde está inscrita, asimismo, como Deportista de Alto Nivel, de tal forma que hasta la fecha es la única deportista en la modalidad de espeleología que ha logrado tal consideración en el ámbito de la Comunidad Autónoma Andaluza.

A nivel profesional, es Ingeniera de Minas por la Escuela Técnica Superior de Vigo y pertenece al Cuerpo Superior Facultativo de la Junta de Andalucía, como funcionaria de carrera.

¿Cómo llegaste a la espeleología?

Pues, francamente, de casualidad. Lo que de verdad siempre me llamó la atención fueron las montañas nevadas. Soñaba con ellas desde que era pequeña. Sin embargo, un día unos amigos del grupo de la OJE de La Coruña me invitaron a visitar la Cueva del Rey Cintolo, que es la cavidad gallega de mayor envergadura. El caso es que ya se me metió el “gusanillo” en las venas y no paré hasta que no encontré un club de espeleología.

¿Por qué esta actividad? ¿Qué te reporta? ¿Qué has encontrado en la espeleología que otra actividad no te ofrezca?

Como te decía, llegué de casualidad. Sin embargo, conforme me fui metiendo en ella, fui encontrando, y sigo haciéndolo, más y más motivos para continuar yendo de cuevas.

Los amigos que he hecho, sin duda, son lo mejor que he encontrado haciendo espeleo. Lo que vives bajo tierra con tus compañeros es muy especial. Es difícil de comprender para quien no lo ha vivido, pero se crean vínculos muy fuertes y duraderos.

Para una mente inquieta como la mía, las posibilidades que la espeleología brinda en su vertiente científica son muy enriquecedoras y permiten maravillarse de la misma esencia de la naturaleza, por las increíbles formaciones pétreas de geometrías imposibles, la existencia de vida en las profundidades, la fuerza del agua que todo lo puede, etc.

A los que nos gusta el deporte en sus muy diversas modalidades, la espeleo también nos lleva a probar muchas otras disciplinas deportivas, necesarias para ir sorteando los diferentes obstáculos que se encuentran en las cuevas: senderismo para llegar a las muchas veces lejanas bocas de las cuevas, buceo para franquear pasos inundados, escalada para acceder a galerías por las que proseguir la exploración, etc.

La ubicación de las cuevas, normalmente remota y en parajes naturales de singular belleza, supone realizar viajes a lugares a los que de otra forma nunca se nos ocurriría ir. El encuentro con esos paisajes y las gentes que los habitan, resulta fascinante y entrañable a la vez.

Además, la componente de exploración que tiene la espeleología creo que conecta directamente con una de las características más humanas, que es la curiosidad, el tratar de descubrir qué hay más allá. Supongo que nos sentimos de forma parecida a como lo hacen los astronautas, pero sin salir de “casa”.

¿Cómo fueron tus comienzos en el mundo subterráneo?

El club de espeleología en el que empecé fue el Grupo de Exploraciones Subterráneas del Club Montañeros Celtas de Vigo. Desde la primera salida que hice con ellos, me di cuenta de que eso de la espeleología me gustaba, por las cuevas en sí mismas, pero también por el estupendo ambiente reinante en el equipo.

Recuerdo aquellos años con muchísimo cariño y conservo muchas enseñanzas que me han ayudado en los momentos subterráneos más comprometidos. Mi primera visita a una cueva importante fue a la legendaria Piedra de San Martín, entre España y Francia. Me gustaría haberme visto la cara al entrar en la Sala de la Verna y al avanzar por aquella cueva que parecía que no tenía fin.

Ante los continuos descubrimientos en el macizo de la Sierra de las Nieves, ¿crees que todavía no hemos visto el verdadero potencial subterráneo de este macizo?

¡En absoluto! Estoy totalmente convencida de ello. Esta potencialidad la palpé en mis propias carnes en la mayor crecida que probablemente jamás haya pillado a nadie dentro de Sima GESM. En el otoño de 2008 un grupo de cinco espeleólogos bajamos hasta el fondo en una entrada rutinaria, para continuar con una escalada sobre el lado ERE y explorar la parte superior del meandro Manuel Morales. Entramos un viernes para salir el domingo, pero el sábado comenzó a llover torrencialmente y nos quedamos atrapados en el interior de la sima un par de días. Vimos el agua salir por sitios por los que nunca la habíamos visto correr. De hecho, por uno de esos agujeros se halló continuación a la sima. Con el agua que allí había era lógico suponer la existencia de una conexión con otras partes grandes de la cueva. Si esto se extrapola a todo el macizo kárstico, con las grandes cavidades que están en exploración (simas Prestá, del Aire, de la Nava o del Picacho), así como con las principales surgencias (de los ríos Verde, Grande y Genal), no es difícil llegar a la conclusión de que la Sierra de las Nieves todavía tiene muchos secretos guardados.

No soy ni geóloga ni hidrogeóloga, pero mi formación académica y mi curiosidad por estos temas, avivada durante tantas horas que he pasado bajo tierra, me permite afirmar el potencial hidrogeológico de esta hermosa sierra. De hecho, me alegró tener conocimiento de que en la actualidad el Instituto Geológico Minero de España (IGME) está llevando a cabo un proyecto en la Sierra de las Nieves, para estudiar el acuífero kárstico que alberga este macizo. Creo que se trata de un estudio que llevaba pendiente mucho tiempo, pues en un territorio como es la costa malagueña, en donde el agua escasea, no deben despreciarse las reservas de aguas subterráneas que se almacenan en la Sierra de las Nieves.

Has participado en varias de las campañas de exploración en la Sima GESM, en la Sierra de las Nieves. ¿Qué te parecen los resultados que están dando las actuales exploraciones?

Efectivamente, entre los años 2003 y 2008 fui una asidua de sima GESM. Había tramos que me los conocía como la palma de mi mano, porque pasaba buena parte de mi tiempo libre allí metida. En no pocas ocasiones, según salía de trabajar el viernes, tiraba para la sierra, bajábamos ese mismo día hasta la punta de exploración, trabajábamos el sábado y el domingo salíamos a la calle. Una paliza, vamos.

Después de la crecida que he mencionado antes y por cuestiones que no vienen al caso, no he vuelto a pisar la Sierra de las Nieves. Así que en estos últimos años, después de tantísimas horas y penurias pasadas dentro de Sima GESM, no he podido conocer en primera persona los avances en la exploración. Sin embargo, los compañeros que han seguido trabajando allí, me han ido informando puntualmente de los avances. En las jornadas espeleológicas organizadas por el GIEX en Jerez a finales del año pasado, tuve la ocasión de ver la última actualización de la topografía de Sima GESM. Aunque los resultados eran de esperar, después del esfuerzo continuado de tantos años, porque, como comentaba, el potencial de la sima es innegable, me quedé alucinada de lo que había crecido la “criaturita”. Y lo mejor es que todavía queda sima para rato. Felicito sinceramente a los compañeros que en los últimos años han seguido invirtiendo su tiempo libre y sus energías en ir arrancándole metros a la sima, que todos sabemos que es una tarea complicada.

¿Qué te llevó a participar en las expediciones en la sima Krúbera-Voronya?

El aprovechar una oportunidad, ni más ni menos. El espeleólogo sevillano Sergio García-Dils de la Vega me invitó a participar en la expedición de 2003 y, a pesar de las lógicas dudas, por la envergadura del proyecto, finalmente me planté en el Cáucaso. A esa expedición le siguieron las de los años 2004, 2006, 2009, 2010 y 2011.

Los reconocimientos a tu trayectoria espeleológica que has tenido por parte del Consejo Superior de Deportes y de la Junta de Andalucía, otorgándote la condición de Deportista de Alto Nivel, ¿qué han supuesto para ti?

A nivel personal, lógicamente me hicieron mucha ilusión, pues, aunque practique la espeleo porque me encanta, eso no quita el gran esfuerzo que supone ir dando cada día un poquito más de sí en las cuevas. Si bien el “culpable” de tal reconocimiento fue el haber sido la primera espeleóloga de la Unión Europea en descender por debajo de los 2.000 metros de profundidad, me lo tomé como un reconocimiento a un trabajo continuado. Llegué a esa profundidad después de muchas expediciones y porque en esa ocasión el equipo en el que me tocó tenía una serie de tareas encomendadas en esa parte de la sima. Quiero aclarar esto, porque no es lo mismo llegar allí de visita, por mucho que la sima sea muy dura.

No me gusta hablar públicamente de estos méritos, porque ya digo que mi motivación es seguir explorando, pero quizás el colectivo sí que debería sacarles partido a nivel institucional, para reivindicar nuestro deporte y el hecho de que los éxitos en determinadas disciplinas deportivas no se pueden medir por lo abultado de un medallero.

¿Podrías describirnos brevemente cómo es aquella impresionante sima y qué características destacarías de ella?

Es naturaleza en estado salvaje. Hay tramos en los que te da la impresión de que el agua gélida está esculpiendo la roca en ese preciso instante, por la fuerza que lleva. Es una sima en plena formación. Apenas se observan concreciones que distraigan tu atención. Y, menos mal, porque el frío y la humedad no permiten paradas prolongadas. En las zonas más profundas la caliza se convierte en mármol y los colores grisáceos se tornan más oscuros, de forma que la luz se vuelve más tenue y la cueva parece todavía más inhóspita. Al llegar a 500 metros de profundidad sientes un gran alivio, porque el ruido del agua deja de martillearte la cabeza. Supongo que es una sensación similar a la de los alpinistas cuando cesa una ventisca.

Lo bueno de la sima es lo vertical que es (alguno me dirá que estoy loca por decirlo). De forma que, te metes en la cuerda y prácticamente no tienes que salirte de ella, excepto en algunos estrechos meandros. Técnicamente no es excesivamente complicada, pero está claro que los metros acaban pesando.

¿Dónde crees que estará el límite de esta cavidad?

El verano pasado espeleobuceadores de la Asociación Espeleológica Ucraniana lograron rebajar la cota de la sima de -2.191 a -2.197 metros. Estos 6 metros de desnivel han llevado años, en los que decenas de espeleólogos han invertido centenares de horas de trabajo y asumido no pocos riesgos. En mi opinión, que en ningún caso es la del CAVEX Team ni de la Asociación Espeleológica Ucraniana, ya es hora de abandonar el quinto sifón, porque esta carrera por intentar forzarlo va a traer algún disgusto de repercusiones fatales.

El macizo de Arábika, en el que se encuentra esta sima, cuenta con otras muchas que superan los 1.000 metros de profundidad. Basta con seguir buscando, porque tienen que aparecer más. Sin embargo, esta búsqueda resulta compleja, pues en una cavidad de la envergadura de Krúbera-Voronya cualquier recurso humano disponible debe destinarse a trabajar en ella y apenas queda tiempo para dedicarse a prospectar.

¿Con que anécdotas te quedas de las últimas expediciones realizadas en la sima Krúbera-Voronya?

Hay mil, por lo que es una difícil elección, pero creo que me quedo con dos.

En 2003 fue mi primera visita al Caúcaso y la primera vez que participaba en una expedición. Pude comprobar lo duras que son allí las simas y lo diferente que es estar en esas montañas, pero lo peor ocurrió en la recta final de la expedición, ya recogiendo. Nos sorprendió un diluvio de proporciones bíblicas, el cual se tradujo en una crecida sin precedentes en Krúbera-Voronya, que sifonó algunos pasos. Un rayo de la tormenta cayó sobre el cable de teléfono y a través de él bajó hasta el vivac de -1.215 metros, alcanzando a un ruso. El rayo estropeó todas las bases de teléfono situadas en los vivacs. Este mismo día sufrieron un seísmo bajo tierra, que por suerte en superficie no llegamos a percibir. Por si esto fuera poco, al día siguiente se produjo un accidente cerca del vivac de -500 metros y hubo que montar una operación de rescate sin precedentes. Ante tal panorama, pensaba yo que, como todas las expediciones fueran así, a mí no me pillaban en otra. Afortunadamente, las demás campañas en las que he participado han sido más tranquilas (risas).

En la expedición de 2010 recuerdo con especial desagrado el paso del sifón de -1.440 metros, tanto a la ida como a la vuelta. Me tocó un traje de buceo gigantesco, porque, como son material colectivo, la gente de mi talla no abunda en el equipo. Además, tenía un agujero en el pie. El sifón apenas alcanza los 7 metros de longitud, pero, teniendo en cuenta que el agua está a 1ºC de temperatura, atravesarlo con la certeza de que iba a terminar empapada no resultaba nada atractiva. De forma que a la ida agarré los trastos y me sumergí sin pensármelo, ante la cara de asombro de los compañeros rusos. A pesar de haberme puesto gomas en las muñecas y hasta en la cabeza, acabé calada hasta los huesos. Desde entonces le he cogido un poco de alergia al agua fría (risas). La vuelta fue todavía más horrible. Para que no me entrase tanta agua, me volvieron a poner gomas en las muñecas, pero todavía más apretadas. Este hecho unido al intenso frío me dejó las manos sin sensibilidad, así que, al intentar abrir la botella de aire, para bucear el sifón, giré un poco la rosca, pero el manómetro no marcaba nada. Después de forcejear con la botella, llegué a la conclusión de que no tenía aire, así que finalmente, después de valorar mis posibilidades, decidí atravesar el sifón en apnea. ¡Qué mal rato pasé! Y eso que había llegado exultante al sifón, pues, subiendo por el pozo que da a él, había encontrado varios miriápodos (vamos, unos ciempiés), lo cual suponía un hallazgo extraordinario, ya que, según los expertos, no parecía posible encontrar ningún indicio de vida a esa profundidad, con tanto frío y con corriente de aire y agua.

¿Cómo ves el panorama actual de la espeleología?

En la parte negativa, hay que destacar que la crisis que asola nuestro país se está dejando sentir a todos los niveles, incluso bajo tierra. Cada vez es menor el apoyo económico que recibe nuestra actividad, lo que compromete seriamente las exploraciones, ya que un deporte tan minoritario como el nuestro las únicas ayudas que recibe prácticamente se limitan a las procedentes de subvenciones. De ahí la necesidad por esforzarnos en dar visibilidad a la espeleo, para encontrar patrocinadores que colaboren, tanto con material como económicamente, al desarrollo de nuestra actividad.

Por otra parte, estoy de acuerdo con la regulación normativa de las actividades en espacios naturales protegidos, pero se está llegando a extremos absurdos. No se puede poner puertas al campo. Tantas restricciones están haciendo mucho daño a las actividades de montaña en general y a la espeleología en particular, aun cuando los que desarrollamos dichas actividades somos los principales interesados en cuidar el entorno en que disfrutamos de ellas y muchas veces somos los encargados de poner de manifiesto su valor, desconocido hasta entonces por el común de los mortales. Tantas restricciones, a la larga, van a ser contraproducentes, pues los poderes públicos no se dan cuenta de que, cuanto más alejan a la ciudadanía de la naturaleza, más difícil va a ser que ésta la aprecie y la cuide.

El control sobre las actividades en el medio natural es necesario, por cuestiones no sólo medioambientales, sino de seguridad. Sin embargo, creo que esto está yendo en detrimento de la “espontaneidad”, algo muy bonito por la implicación aventurera que tiene. Antes llegaba el jueves y decidías lo que ibas a hacer el fin de semana, pero ahora, como no lo tengas decidido hace un mes y hayas presentado todos los papeles, te toca quedarte en casita. Habría que intentar la flexibilización de los trámites administrativos.

En la parte positiva, porque no todo va a ser malo, el desarrollo de nuevos materiales y técnicas está permitiendo llegar cada vez más lejos y hollar confines que antaño pertenecían al mundo de los sueños. Las nuevas tecnologías y los medios transporte también están contribuyendo a ello. Por suerte, queda mucho por explorar y se van viendo nuevas caras en el panorama espeleológico, por lo que hay que ser razonablemente optimistas.

¿Crees que las competiciones son base fundamental para crear una cantera bien preparada para el salto a la exploración de las grandes cavidades de nuestro país?

Antes de nada, he de aclararte que no estoy en absoluto en contra de la competición, pues la entiendo como una faceta propia de todo deporte, incluso del nuestro. De hecho, formé parte del comité organizador de los I Juegos Espeleológicos en Sevilla en 2006, primera competición espeleológica de carácter internacional que se celebró en España.

Una vez aclarado lo anterior, voy a responder a tu pregunta. En mi opinión, la respuesta es que no. Las competiciones son de progresión vertical, no de espeleología. Para ser un buen espeleólogo y poder explorar en grandes cavidades, además de conocer perfectamente las técnicas de progresión vertical y contar con una condición física aceptable, hay que tener otras características que no se adquieren en la competición, sino pasando muchas horas bajo tierra.

Evidentemente, la competición puede constituir un foco de atracción para los más jóvenes hacia el mundo de la espeleología y mantenerlos entrenados, pero para crear cantera hay que llevarlos de cuevas y enseñarles lo que jamás podrán ver y vivir fuera de ellas.

¿Por qué crees que la participación femenina en la espeleología está muy alejada del índice de participación masculina? ¿Cómo se podría invertir esta tendencia?

Lo de separar por sexos nunca me ha gustado, pues yo lo que creo es en las capacidades que cada uno tiene como individuo. Sin embargo, no se puede obviar el hecho de que la mayor parte de los practicantes de espeleología sean hombres. La explicación hay que buscarla en que se trata de una actividad que se desarrolla en un entorno hostil, por lo que es muy exigente físicamente. A esto hay que unir la escasa oferta de material específico femenino por parte de las empresas especializadas.

De manera que, para lograr que más mujeres se inicien en la práctica de la espeleología y lleguen a abordar proyectos de envergadura, es preciso incidir en su tecnificación y fomentar la investigación y desarrollo de materiales apropiados y diseñados específicamente para mujeres. Creo que son dos cuestiones absolutamente ineludibles para invertir la tendencia que comentas y desde las federaciones y entidades deportivas debe trabajarse en ese sentido, no enfocando el tema hacia la organización de actividades exclusivamente femeninas, porque eso sólo conduce a dificultar todavía más la incorporación de la mujer al mundo de la espeleo.

¿Entiendes que nuestra actividad no esté lo suficientemente reconocida por organismos y otros entes?

Al respecto deberíamos hacer un ejercicio de autocrítica y pararnos a pensar que igual el problema no está en los demás, sino en nosotros mismos. Pasamos tanto tiempo con discusiones domésticas, que luego ya no ns quedan fuerzas para otras cuestiones importantes de verdad. Creo que el colectivo debería reflexionar sobre ello muy seriamente.

Tus próximos proyectos.

Mi etapa con el CAVEX Team ha durado casi diez años y ha sido muy bonita y muy fructífera, pero me encuentro en otra fase de mi vida y quiero y necesito emprender nuevos proyectos.

La primera actividad relevante que he realizado este año ha tenido como escenario Mallorca. Ha sido una experiencia preciosa, por la compañía y porque visité cuevas por toda la isla, sin faltar, por supuesto, la incursión en la Cueva des Pas de Vallgornera, auténtico tesoro del patrimonio geológico subterráneo, a la que espero volver el año que viene. Hacía tanto tiempo que no practicaba el espeleoturismo que disfruté muchísimo visitando estas cavidades sin más pretensiones que contemplarlas y perderme por ellas.

Recientemente me he unido a la Asociación Andaluza de Exploraciones Subterráneas, para echar una mano en la exploración a las simas de Republicano y Navazo Hondo. A esta segunda confieso que me costará volver, porque el pasado 12 de octubre allí se nos fue el compañero Manu Alva y fue un palo tremendo. Vaya desde aquí todo mi cariño a su familia y amigos. Me ilusiona volver a la actividad espeleológica en Andalucía.

También tengo en la agenda, aunque sin fecha, otra campaña de exploración a un macizo andaluz con grandes perspectivas. Este proyecto es muy motivador, por la compañía, el entorno y el potencial de la zona, pero no añadiré nada más, porque todavía es muy pronto y no quiero que se gafe el proyecto.

El verano pasado me incorporé a las exploraciones en los Picos de Europa, concretamente en la zona del Macizo de Andara, en Cantabria. Aunque parezca mentira, nunca había estado en nuestro “Himalaya espeleológico”, pero desde hace tiempo tenía claro que quería conocer aquellas montañas. Fue una experiencia francamente enriquecedora, sobre todo por la gente con la que estuve, gente de primer nivel humano y espeleológico. Acostumbrada a las expediciones en el Cáucaso, se puede decir que éramos un equipo pequeño, pero con unas ganas tremendas de trabajar y de pasarlo bien explorando. La sima también ayudó, porque es de las que crean afición: grandes pozos, meandros cómodos, muchos metros por bajar, muchas incógnitas por revisar, formaciones insólitas, geología apabullante… Los resultados de la campaña en la Torca de Jou Sin Tierre (CS-9) fueron extraordinarios, pues la exploración se detuvo en un sifón terminal a -1.203 metros de profundidad, lo cual significa que se trata de la cavidad más profunda de Cantabria, puesto que desde 1979 ocupaba la cercana Torca del Cueto de los Senderos, con sus 1.169 metros de desnivel. Este año me gustaría volver, para seguir con la exploración de esta sima, porque han quedado muchas incógnitas por revisar.

También pretendo ir ampliando horizontes, así que he empezado a tomarme en serio otras actividades en la montaña, pero por fuera y preferiblemente con nieve. Era una asignatura que tenía pendiente hace tiempo y sentía que ya había llegado el momento de ponerme con ella.

Como ves, tengo muchos proyectos en la cartera y no menos ganas de emprenderlos. Espero que el año se dé bien y pueda llevarlos a cabo, junto con otros que, a buen seguro, irán surgiendo.

Un deseo espeleológico para el futuro.

Me voy a tomar la libertad de pedir varios deseos (risas). La mayoría son para la colectividad espeleológica y solamente uno para mí.

Me gustaría que fuéramos un colectivo unido y dispuesto a crear un único frente común ante las adversidades que en estos malos tiempos se nos vienen encima, dejando el politiqueo fuera de las cuevas. Desearía que esa unión también se tradujera en afrontar retos cada vez mayores y más ambiciosos, alejados de personalismos.

También quisiera pedir la concienciación y compromiso de todos los espeleólogos a la hora de entrar en el medio subterráneo, especialmente en materia de seguridad. Cada vez exploramos simas mayores, lo que implica que los peligros y la dificultad de los rescates aumenten exponencialmente. Hay que ser conscientes de ello y formarnos en consonancia, llevar el material adecuado y tener un comportamiento impecable bajo tierra. Los accidentes conducen a situaciones límite y las operaciones de espeleosocorro son particularmente complejas. Despedir a un compañero o ver cómo sufre son trances realmente amargos.

Me gustaría que todos hiciéramos un esfuerzo por dar a conocer nuestra actividad y que desde las Administraciones con competencias en medio ambiente y las entidades científicas valorasen la ingente labor de espeleólogos anónimos que desinteresadamente les prestan sus ojos y sus manos allí donde ellos no pueden llegar..

Mi deseo en el ámbito personal es que este año pueda volver a pisar la Sierra de las Nieves y conocer de primera mano los descubrimientos que se han hecho en Sima GESM, así como en las restantes cavidades en exploración. Todavía queda mucho por hacer en ese rincón tan especial de nuestra querida Andalucía y me gustaría poder aportar mi granito de arena a tan emocionante empresa.

Fotografías cedidas por Pilar Orche

6 Respuestas a "Pilar Orche Amaré"

  1. Lina Quesada   7 junio, 2013 at 2:31 PM

    Estupendo reportaje Pilar, transmites tanta pasión que parece que no es un deporte duro…..Suerte en tus proyectos!!!!!

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  2. Jose Luis Badillo   13 mayo, 2013 at 8:22 PM

    Pilar sensacional entrevista, sincera y con afirmaciones muy positivas para la espeleología. Trayectoria de sueño mucho ánimo en tus nuevos proyectos. Felicidades y a seguir sumando.

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  3. prom dresses jcpenney   8 mayo, 2013 at 4:28 AM

    Merely wanna input on few general things, The website style and design is perfect, the subject matter is very wonderful. “To the artist there is never anything ugly in nature.” by Franois Auguste Ren Rodin.

    Responder
    • REDACCIÓN   17 junio, 2013 at 9:49 AM

      Thank you so much for your encouragement and support. I hope you enjoy with our Digital Newspaper. Best regards.
      Jorge Romo, Cota Cero

      Responder
  4. Olvido   3 mayo, 2013 at 7:38 PM

    Magnífica trayectoria la tuya, Pilar, y buena entrevista. Esperamos seguir teniendo noticias de tu actividad, que es de lo más interesante. Enhorabuena.

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  5. d_mendoza   1 mayo, 2013 at 4:04 PM

    Precioso reportaje. Va por ustedes las nuevas promesas, con nuevas técnicas y medios.

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