Carlos Galán

C.Galán en el Sistema Roraima Sur, 2005.

Nace el 23 de febrero de 1949 en Donosti y se traslada a vivir a Venezuela en 1954. Se inicia en la espeleología en 1962, en la Sección de Espeleología de la SVCN (SVE a partir de 1967).

Licenciado en Ciencias Biológicas, se ha especializado en bioespeleología, geoespeleología, topografía y cartografía.

Es miembro de la Sociedad de Ciencias Aranzadi, Sociedad Venezolana de Espeleología, Organización Argentina de Investigaciones Espeleológicas, Grupo Bambuí de Pesquisas Espeleológicas (MG, Brasil), FEALC (Federación Espeleológica de América Latina y el Caribe) y de la SEDECK (Sociedad Española de Espeleología y Ciencias del Karst). Ha pertenecido a la Sección de Espeleología de la Sociedad Venezolana de Ciencias Naturales (SVCN), a la Unión de Espeleólogos Vascos (UEV), a la Sociedad Brasilera de Espeleología y a la Sociedad Espeleológica de Cuba.

¿Cómo llegaste a la Espeleología?

Cuando cursaba el segundo año de bachiller en Ciencias, tuve la posibilidad de incorporarme y participar en los trabajos del Museo de Historia Natural La Salle (MHNLS), uno de los más completos en Zoología de Sudamérica. Venezuela es un país megadiverso y a comienzos de los 1960 su fauna y flora eran poco conocidas, ofreciendo un amplio campo para la investigación. Me inicié en Mastozoología, interesándome sobre todo por los primates y los quirópteros. Estos últimos representan en número de especies una tercera parte de los mamíferos y muchos de ellos son de hábitos cavernícolas. Así que además de las salidas habituales de colección para el Museo (en fantásticos parajes de selvas y montañas), empecé a explorar cuevas cerca de Caracas. Enseguida me enteré de que existía otra sociedad dedicada exclusivamente al estudio de las cavernas: la Sociedad Venezolana de Espeleología. La SVE estaba conformada entonces por un grupo de unas 40 personas, que incluía algunos profesionales y estudiantes universitarios de las tres principales ramas dedicadas a la espeleología: biología, geología y antropología. Pero era un grupo muy abierto, que permitía incorporar a cualquier persona interesada en el estudio de las cuevas, incluyendo jóvenes deportistas y estudiantes de bachiller, como era mi caso.

Así, entre 1962 y 1966, pude participar a lo largo de 4 años en las exploraciones espeleológicas que la SVE efectuaba en el país, junto a un excelente grupo de compañeros, de los que aprendí mucho y con los que aún conservo fuertes lazos de amistad. Aunque me interesé por la fauna cavernícola, la exploración y topografía de nuevas cavidades me pareció muy atractiva en múltiples sentidos. Entonces se estaba en la fase inicial de la espeleología en Venezuela, donde casi todo estaba por conocer. Como se dice: había caído en el momento justo en el lugar adecuado. Venezuela tenía entonces 5 millones de habitantes y una superficie de casi 1 millón de km2, con gran parte de sus montañas inexploradas. Y éramos sólo un grupito, centrado en Caracas, los interesados en conocer la geografía subterránea de tan vasto país, con extensas áreas de caliza y otras litologías propicias para albergar cuevas (como las cuarcitas de los tepuys de Guayana). Era un auténtico paraíso en el trópico, muy agradable además por el carácter alegre y la hospitalidad de sus habitantes. Algo difícil de imaginar en Europa.

¿Cómo fueron tus comienzos en el mundo subterráneo?

Cueva La Milagrosa, Mundo Nuevo, Estado Monagas. C.Galán, con 13 años, durante la primera exploración de la cavidad, recorrida por un río subterráneo a lo largo de 1,2 km. SVE, 1962.

Para mí fue algo fantástico, como he dicho, por la belleza geográfica del país, su clima y el carácter de sus gentes. Las cavernas venezolanas, aunque las hay de tipos muy diversos, en general tienen ese denominador común de las cuevas tropicales. La mayoría son hidrológicamente activas, enclavadas en zonas montañosas de selva húmeda, estéticamente bonitas, y que permiten un contacto más directo con la naturaleza que el que resulta posible bajo climas templados o fríos. Uno puede nadar en las cuevas, bajar simas con cascadas, recorrer galerías pobladas por millones de animales (quirópteros, guácharos, infinidad de invertebrados) y hasta tener encuentros en las bocas con serpientes o jaguares, por ejemplo. Junto a ríos subterráneos caudalosos se encuentran galerías fósiles con una diversidad enorme de espeleotemas. En suma, un paraíso.

También destacaría dos matices, más difíciles de encontrar en Europa. En primer lugar, la presencia femenina. En mis inicios, y luego lo he encontrado también en Venezuela y Brasil, la presencia de muchachas y mujeres en las exploraciones y grupos de espeleología es común, y esto, en mi opinión, es un atractivo adicional. Porque aportan una sabiduría y unos ingredientes, entre ellos la cooperación y cierto sentido común, que suelen faltar en los grupos cerrados de hombres al estilo club de Toby.

En segundo lugar, para mí la espeleología siempre ha tenido una finalidad científica, de estudio y conocimiento. En los medios anglosajones distinguen “caving” de “speleology”, que podría traducirse por “cuevismo” y “espeleología”, respectivamente. Hacer turismo en cuevas o la simple visita de cuevas ya exploradas y estudiadas por otros, no llama mi atención. Creo que espeleología es el estudio de las cuevas, lo que no quita que siempre resulte necesaria la actividad deportiva. Por eso pienso que un grupo de espeleología debe tratar de integrar desde científicos rigurosos hasta entusiastas deportistas, pero con la finalidad última de aportar algo al conocimiento geográfico y científico del planeta.

¿Qué has encontrado en la Espeleología que otras actividades no te ofrezcan?

Creo que el atractivo central de la espeleología es el hecho de explorar nuevos territorios, ocultos a la mirada humana, donde el misterio y la sorpresa aguardan tras cada vertical y cada recodo. De llegar donde nunca nadie antes ha llegado. Una especie de instinto que sospecho conservamos de nuestros más lejanos ancestros. A ese espíritu de aventura y descubrimiento se le une su carácter lúdico, de juego de niños, de arrastrarse en pasos estrechos o llenarse de barro, del esfuerzo sostenido cargados con el peso de equipos en verticales interminables, de develar por fin hasta donde conducen las galerías subterráneas, para lo cual la topografía resulta indispensable.

De todos modos, contra lo que pudiera parecer, yo no soy para nada un fanático de la espeleo. Esos desafíos también los presentan otros medios. A mí me gustan muchas otras actividades tanto o más que la espeleo. Por ejemplo, la escalada en roca, el buceo, las expediciones a través de selvas y montañas.

Un recorrido de una semana por relieves selváticos, sin sendero alguno, puede resultar más atractivo que explorar una gran sima. He tenido en suerte poder realizar muchas salidas de prospección biológica en parajes realmente remotos, que me han parecido tan o más gratificantes que la espeleo. Lo mismo diría de las cumbres de muchos tepuys, de cordilleras selváticas como Perijá o Mata de Mango. O del conocimiento progresivo de arrecifes coralinos, zonas costeras y cuencas de grandes ríos.

Eso sí, lo cierto es que aún en la superpoblada Europa y cerca de nuestras casas, donde resta poco del paisaje natural, el medio subterráneo pone a nuestra disposición sorprendentes parajes subterráneos que aún permanecen vírgenes. Por lo tanto, nos ofrece esa posibilidad de aventura, de descubrimiento, de indagar sobre lo desconocido.

Descenso con escalas de una sima de 80 m en la Sierra de Perijá, a 3.200 m de altitud., año 1965, SVE.

Desde tus comienzos en la espeleología ¿Cómo ves los cambios evolutivos que ha sufrido nuestra actividad?

Ha habido cambios o avances en el sentido de que hoy se dispone de mejores materiales y equipos, que hacen la actividad más fácil y segura. Pero en lo que respecta a criterios y objetivos creo que se ha retrocedido. La masificación de esta actividad como deporte de aventura ha traído la banalización propia del consumismo y la sociedad del espectáculo. Hoy hay mucho caving y poca espeleología como estudio de algo. En ese sentido hay una deformación, aunque sin duda existen muchas personas y grupos que siguen realizando aportes de interés para el conocimiento geográfico y científico del medio subterráneo.

Otro aspecto unido al caving y la masificación, es la proliferación de reportes sensacionalistas al que nos tienen acostumbrados los medios de comunicación que predominan en la sociedad del espectáculo actual.  Donde no faltan las exageraciones, plagios, el morbo de los accidentes, o la simple magnificación de modestos logros. Incluso con ciertas dosis de imperialismo cultural.

De todos modos creo que esta deformación o retroceso en valores éticos es mucho menor en espeleología que en otros campos de la actividad humana afectados por la globalización y por el tipo de ideas que difunde el modelo económico de desarrollo imperante. Pienso que lo que está fallando en espeleología es sobre todo el ser humano; en su concepción del mundo y su modo de relacionarse con la naturaleza y con sus semejantes.

¿Qué proyectos está llevando a cabo actualmente?

Sigo participando en exploraciones y trabajos de biología en Venezuela. En el País Vasco, donde resido, seguimos buscando nuevas cavidades (en zonas abruptas o poco prospectadas), así como nuevas galerías o continuaciones en grandes cavidades ya “conocidas”, mediante el empleo de técnicas de escalada o desobstruyendo pasos estrechos o que posean indicios prometedores. Cerca de San Sebastián seguimos explorando un notable seudokarst en arenisca, con cavidades ocultas en abruptos acantilados, y que ha aportado en los últimos siete años muy interesantes novedades de interés geológico o biológico. En fin, desarrollo los proyectos que están a mi alcance, con escasos medios, en el tiempo libre que me deja el trabajo profesional en otras áreas.

¿Cómo fue tu etapa espeleológica en Argentina?

Yo en realidad fui a Argentina por un mes para escalar con un amigo, pero me gustó el país y me quedé siete años trabajando. La actividad espeleológica resultó interesante, porque aunque hay pocas zonas de caliza, existen importantes extensiones de karst en yeso y cavidades en lava en zonas volcánicas. También fue una época dura, por las sucesivas dictaduras militares, con su carga de explotación económica, muertos y desaparecidos.

Equipando la Sima Aonda (-382 m) durante la primera exploración (SVE, 1983).

En 1978 regresas a Venezuela y formas parte de la SVE ¿Cuál fueron las exploraciones realizadas en aquel país durante catorce años?

Inicialmente viví en Cumaná, y creé una especie de filial de la SVE en oriente, explorando cuevas en los estados Monagas, Sucre y Anzoátegui. La región de Caripe y el karst de Mata de Mango, con todo un conjunto de importantes cavidades, fueron estudiadas sistemáticamente. A partir del 81, con base en Caracas, exploramos múltiples cavidades en la región de Barlovento (Estado Miranda), occidente (Estado Falcón), en la Sierra de Perijá (Estado Zulia), cavidades dispersas en los Andes, y en la mitad sur del país (en numerosos tepuys de la Guayana Venezolana). Aunque había salidas cortas (de 3-4 días) a las zonas más accesibles, en la mayoría de los casos se trataba de zonas remotas, que requieren largas aproximaciones a pie, navegando, a veces con escalada o implicando el apoyo de helicópteros para el acceso. Así que eran auténticas expediciones, de 7-12 días de duración (no más por no disponer de más tiempo libre en nuestros trabajos). Al conocimiento geográfico del territorio iba unida la toma de datos científicos, tanto en cuevas como en superficie.

Has dirigido el Catastro Espeleológico de Venezuela durante dos décadas ¿Cuáles fueron los resultados?

El Catastro Espeleológico de Venezuela fue creado por el acuerdo de todos los grupos espeleológicos del país, para formar una base de datos contrastable, con la localización, descripción y topografía de todas las cavidades que fueran exploradas completamente y topografiadas en el territorio nacional. Su objetivo es que sirva de base documental para el desarrollo de ulteriores trabajos científicos en las cavidades, en las distintas especialidades o disciplinas científicas que involucran al medio subterráneo. Toda persona, grupo o investigador puede aportar su contribución al Catastro Nacional, que se edita periódicamente en el Boletín de la SVE. Para el año 1978 existían unas 140 cavidades exploradas y catastradas, hoy suman 700. Existe además información parcial o incompleta sobre otras tantas. Considero además que existe un enorme potencial para sucesivos descubrimientos de grandes cavidades y sistemas subterráneos, tanto en las calizas de Perijá como en los tepuys de Guayana.

¿Qué significó para ti el descubrimiento del río subterráneo de moonmilk líquido y diversos espeleotemas inusuales en la Sima de Alzola?

Resultó algo interesante porque nunca antes había visto nada parecido en cuevas. Pero no sé por qué razón llamó mucho la atención de los medios y tuvo mucha difusión el hallazgo. Si uno se dedica a la espeleología, pueden pasar algunos años poco significativos, pero cada tanto se producen hallazgos de interés, de nuevas cavidades, nuevos tipos de espeleotemas y geoformas, nuevas especies troglobias, o nuevos yacimientos arqueológicos. El río de leche de luna es una más entre las curiosidades que presenta el medio subterráneo, notable por su estado físico líquido debido al tamaño nanométrico de las partículas de gibsita que lo constituyen. Pero muchos otros hallazgos, sobre todo de nuevas especies cavernícolas, revisten para mí un interés comparable. En las areniscas de Jaizkibel hemos hallado también ejemplos de geoformas, paramoudras y espeleotemas del todo novedosas, como aquellas constituidas por una base tubular de ópalo-A y terminaciones distales de yeso. En 2011 reportamos el hallazgo en otra cueva de Gipuzkoa de depósitos estratificados de un nuevo mineral, afín a la Jacobsita e Iwakiita. En suma, todo lo que represente un aporte o avance en el conocimiento del medio subterráneo tiene para mí interés.

Explorando el río de “leche de luna” (moonmilk) de la Sima de Alzola (Gipuzkoa), descubierto en 2002.

Has realizado actividades espeleológicas a lo largo de diversos continentes ¿De qué actividad de exploración guardas mejores recuerdos?

Te diría que guardo buenos recuerdos de cientos de ellas. De distintos modos y por distintos motivos. Atesoro con particular cariño muchas anécdotas de la exploración de grandes simas en el karst de Mata de Mango. O de la expedición a la Cueva Autana, a la que accedimos tras dos días de navegación en bongo por el Orinoco, Sipapo y Autana, un día de aproximación abriendo pica en la pantanosa selva basal, y tras cuatro y medio días de la exigente escalada de alta dificultad de la pared de 1.000 m de la cara Este del tepuy. También de las exploraciones en Sima Aonda y otros tepuys. Del descubrimiento y exploración de la Cueva del Samán (de 18 km) y el cañón que la prosigue. O de la exploración de la Cueva Mara 2, remontando más a nado que caminando su caudaloso río que parece nunca va a tener fin. En fin, son muchos los recuerdos y los buenos o duros momentos compartidos con excelentes compañeros. Amigos de esos que uno nunca olvida. Porque si el marco geográfico puede en sí mismo hacer gratificante una actividad, más importante aún es el grupo humano que participa y la cooperación y ayuda entre sus integrantes. Creo que he tenido en suerte poder conocer parajes formidables del planeta y a la vez he podido compartir estas aventuras con seres humanos de una calidad incomparable. Por ello sólo puedo estar humildemente agradecido.

Has publicado un gran número de trabajos de investigación espeleológica ¿Existe alguna publicación editada actualmente en España?

Como publicación impresa hay varios trabajos en Munibe – Ciencias Naturales, particularmente una monografía sobre la Fauna hipógea de Gipuzkoa, su ecología y evolución, que aparece en el nº 45, de 1993. Hay un libro con fotos-color sobre el karst y las cavernas de Gipuzkoa (nº 6 de la Serie Bertan, que edita la Diputación Foral de Gipuzkoa). También el estudio hidrogeológico del sistema kárstico de Ormazarreta (en el nº 9 de la Revista Príncipe de Viana – Suplemento de Ciencias, 1989). Y varias otras notas en el Bol.Sedeck, las revistas Lapiaz y Karaitza, y en lengua extranjera en Spelunca y Karstologia. Un resumen de referencias bibliográficas puede encontrarse en el blog Sarawak – Qui es qui. También existen numerosos artículos arbitrados, en formato digital, en el apartado de Artículos de Consulta de la página web de Aranzadi – Dpto. Espeleología (aranzadi-sciences.org). En la misma web de Aranzadi pueden encontrarse los artículos aparecidos en Munibe y Aranzadiana escaneados en formato digital.

La tendencia reciente va más hacia la publicación de artículos en formato digital (PDF´s), ya que tienen una mejor y más rápida difusión internacional, a la vez que permiten colgar mayor número de información gráfica y fotografías a color. No obstante me estoy refiriendo a trabajos científicos arbitrados, que han pasado el tamiz de la crítica de otros colegas y que, fundamentalmente, son notas originales. Lo digo porque hoy también hay muchos reportes en la web y en publicaciones impresas que no son originales ni han sido arbitrados, y por lo tanto no reúnen los requisitos mínimos para ser considerados publicaciones científicas.

Con Marian Nieto remontando cascadas en la Cueva Grande, Mata de Mango, en salida de 2009 para estudios de fauna.

¿Qué significa para ti formar parte de la Sociedad de Ciencias Aranzadi?

Hoy es una sociedad atípica, ya que se sustenta en el voluntariado y en la desinteresada colaboración de sus 1.600 asociados. Aranzadi se creó en 1946 para llenar un vacío científico y cultural, ya que en esa época de posguerra no existían universidades ni centros de investigación en el País Vasco. Cosa que iría cambiando con el paso a la democracia en 1980. Pero la mayor parte del I+D en el País Vasco es investigación aplicada a la industria. La investigación que se realiza desde las universidades está muy circunscrita a tesinas y tesis doctorales de estudiantes, que luego no tienen continuidad por falta de aportes para la investigación básica en muchas áreas. Así que Aranzadi sigue cubriendo un vacío en las áreas de antropología y ciencias naturales.

Yo participé en Aranzadi en mi época de estudios en la Universidad de Barcelona (en el período 1966-70) y actualmente (o cuando he estado en el país) lo he seguido haciendo. Me gusta por su carácter altruista y desinteresado, por su independencia con respecto a partidos políticos e intereses económicos, y por su aporte a la investigación básica y a áreas totalmente desatendidas por los estamentos públicos oficiales. A pesar del escaso financiamiento a sus proyectos, Aranzadi realiza una meritoria labor en investigación, conservación y divulgación del medio natural y el patrimonio cultural, y por ello es reconocida socialmente. Para mí es una obligación ética prestar mi modesta colaboración o contribución desde el campo de la espeleología a tan nobles objetivos. Bueno, tal vez yo soy también atípico o de otra época, pero ahora que tanto se habla de derechos yo he sido educado en que también tenemos deberes, con nuestros semejantes y con la sociedad de la que formamos parte. Si aspiramos a un mundo mejor, tenemos que empezar a mirar a la naturaleza y a los seres humanos de otra manera, y a practicar la cooperación.

Tus exploraciones y proyectos de exploración e investigación te han permitido trabajar junto a espeleólogos de diversas nacionalidades y habrás vivido momentos inolvidables ¿Con cuál te quedas?

Son muchas las experiencias gratas compartidas con colegas de otros países y necesitaría páginas enteras para comentarlas. Sí destacaría que el vivir y trabajar en distintos países y compartir con personas de distintas condiciones sociales es algo enriquecedor, que abre puertas en tu mente y sentimientos, te aleja del estrecho marco local y te hace ver la vida de otra manera. En espeleología, como en otras actividades, es bueno tomar referencias y aprender lo que puedas de personas que saben hacer bien las cosas. No nacemos sabiendo, y si aprendes, indagas y tomas consejo o referencia de los que crees mejores, pronto mejorará la calidad de lo que tú haces. Todos tenemos un gran potencial a desarrollar, no circunscrito a nuestro hobby o a nuestra profesión, sino en relación a nuestra calidad como seres humanos.

Río subterráneo en el Sistema Roraima Sur, la mayor cavidad del mundo en cuarcitas (de 11 km de desarrollo y -72 m de desnivel). C.Galán, con Francisco Herrera y Guillermo García, durante la topografía del subsistema 2, en 2005.

Esas actividades te habrán reportado cientos de anécdotas ¿Cuál te gustaría resaltar?

Para no repetir que son muchas, contaré una.

La época de lluvias se había adelantado y tras 14 horas de marcha, cargados de equipos, llegamos empapados y cansados al punto de vivac en Los González, en la Fila de las Cuevas del karst de Mata de Mango. Se hacía de noche y había que montar el campamento. Éramos cuatro espeleólogos (uno novato) y el baquiano chaima Domingo Maita, y pensábamos explorar durante varios días las cercanas simas del Danto y del Cacao. Mientras deshacíamos los morrales y separábamos las cuerdas, comida y equipos, Maita fue a cortar unas hojas de platanillo para techar el improvisado refugio que levantamos. Se desató una lluvia torrencial, un auténtico diluvio que impedía ver a más de dos metros. Nos cobijamos bajo la rama de un gran árbol y esperamos a Maita, pero este no aparecía. Fui con una linterna a buscarlo pero se perdía su huella en el barro. Lo llamé y no contestaba, así que regresé. Luego sabríamos que pasó la noche metido en el hueco de un árbol, junto a una lechuza. Medio tapados con algunos plásticos que protegían las bolsas de dormir deliberábamos qué hacer. La lluvia arreciaba, con ráfagas de viento que sacudían las copas de los árboles. Decidimos ir a dormir a la sima de Los González, que estaba al lado, y que tras una vertical de 46 m tenía una amplia galería seca, techada, donde podríamos hacer fuego, comer y dormir cómodamente. Llevaríamos sólo lo indispensable: los jumars, iluminación, algo de comida y las bolsas de dormir. A todos les pareció bien. Nos equipamos con los arneses, jumars y cascos, metimos lo que íbamos a usar en los morrales, y caminamos hasta la amplia boca. Pasamos la cornisa de acceso, resbaladiza por la lluvia, agarrándonos de salientes y bejucos. Atornillamos un clavo de expansión y colocamos una cuerda de 50.

Cada uno bajaba con su morral, bajo el fragor del vendaval y la copiosa lluvia, que chorreaba formando pequeñas cascadas en las paredes de la vertical. El novato venía de último. Un par de minutos de descenso, con los últimos 20 m en aéreo, sin tocar pared. Uno tras otro bajamos los tres primeros, y a la luz del carburo nos quitamos el equipo mojado, hicimos una fogata y sentados en las bolsas de dormir sacamos una olla para cocinar arroz con unas latas de atún. El novato se demoraba más de la cuenta pero veíamos la luz de su frontal llegando al techo del tramo aéreo. Al superarlo basculó hacia atrás por el peso del morral, que llevaba a la espalda y no colgado del arnés, perdió el control del descendedor al trabarle el brazo una correa del morral, y deslizó veloz en caída libre, con un sonoro plof al llegar al piso. Todos enmudecimos. No se veía su luz ni lo veíamos a él. Nos acercamos corriendo a ver qué pasaba, pero había desaparecido. Revisando entre la hojarasca del suelo asomaban las puntas de sus botas, luego una mano, y por fin la cara y el casco cubiertos de barro. Estaba literalmente empotrado en el suelo y no podía salir. Jalando entre los tres, fuimos izándolo con grandes esfuerzos hasta despegarlo del barro al cual estaba asido como una ventosa. A medida que el cuerpo salía la lluvia lo iba lavando. Estaba perfectamente bien, sin contusiones ni herida alguna. Sólo aturdido por la caída de espaldas, el susto y su inmersión en el suelo de barro y hojarasca.

Terminamos de cocinar y comimos entre risas preguntándole repetidamente pero cómo había pasado, y haciéndole bromas, por supuesto. El torrencial aguacero (en realidad, la cola de un huracán) duró toda la noche, pero dormimos secos sobre un suelo acolchado, protegidos por nuestras cálidas bolsas de dormir.

A media noche sentí un aroma afrutado y una leve musicalidad en el ambiente. Encendí un cigarrito e incorporándome a medias, me quedé mirando hacia el interior de la gran caverna. Notaba una especie de halo o suave resplandor. Y me levanté a indagar qué podía ser. Mis compañeros dormían. Al doblar un pequeño recodo me encontré de golpe con una entidad maravillosa, que podría ser llamada un hada o un genio guardián de la cueva. Era una especie de mujer-niña, algo menor que yo, que poseía unos grandes ojos verdes y una carita de una belleza increíble. Su cuerpo semidesnudo, salvo por unos sutiles adornos, irradiaba amor y gran fuerza a la vez. Pero de su rostro sonriente se desprendían dulzura y bondad. Era una criatura maravillosa, que me contemplaba frente a frente. Sin palabras, mentalmente, me dijo: “No han pedido permiso para entrar, pero me caen bien, son muy graciosos. Los seguiré protegiendo, pero ya sabes, tienen que portarse bien y respetar a la naturaleza y a los seres que aquí habitan”. Y tras decir esto desapareció como por encanto. Quedaron flotando en el aire unos puntitos de luz y un aroma dulzón, de frutas maduras, de savia fresca. El silencio y la oscuridad dieron paso otra vez al distante rumor de la lluvia.

Expedición SVE a la Sima del Alto del Guamo, 2010. Siguiendo un cauce temporal en la selva.

Conversé con Maita al día siguiente y me describió exactamente a la entidad de la cueva. Me dijo que muchas de estas cuevas eran sitios de poder, de gran energía, donde era factible encontrarse con los espíritus de animales y plantas, y con otras entidades maravillosas, que proceden de otros mundos, los cuales existen en planos paralelos al nuestro.

Maita era un hombre sabio, un shamán, además de excelente baquiano, y era muy respetado entre los cazadores de guácharos habitantes de esas selvas. De él pude aprender algunas cosas. Entre ellas que el mundo real es mucho más amplio de lo que imaginamos y no podemos reducirlo todo al estrecho marco de la razón cartesiana. La naturaleza nos puede hablar de mil formas, si nos encariñamos con ella e indagamos con interés y respeto, prestando atención a lo desacostumbrado.

¿Qué piensas de que nuestra actividad no esté lo suficientemente reconocida por organismos y otros entes? ¿Ó crees que ya se está viendo la luz “al final del túnel”?

Creo que está reconocida, pero es pobremente entendida y valorada.

¿Crees que se recibe el suficiente apoyo de los organismos oficiales, de nuestro país, para llevar a cabo proyectos de investigación y exploración en España?

En España (y en casi todo el mundo) falta apoyo para proyectos de investigación básica, cada vez más restringida en recursos. El modelo económico dominante solo financia la investigación que le interesa, la que produce beneficios inmediatos y dota de mayor poder de control al capital. El resto poca importa, no interesa, e incluso molesta si se opone o estorba a los intereses de alguna empresa o grupo económico. Por eso anda tan mal la sociedad humana en la actualidad. La naturaleza y el hombre no importan, sólo el dinero. Esa es la lógica del capital y de los estamentos políticos que le sirven.

¿Qué piensas de que se haya instaurado la Competición en la Espeleología?

Es parte de la sociedad del espectáculo. Soy partidario de la cooperación, no de la competición. Todos pueden aportar cosas de interés, difíciles de comparar o colocar en el mismo saco. Lo que la gente hace se puede valorar mejor por los resultados.

Sí creo que el adiestramiento y el entrenamiento en técnicas de espeleo vertical, escalada, topografía, y en el propio estado físico es importante para luego aplicarlo en las exploraciones. Un espeleólogo con una buena técnica sube una vertical de 100 m en 5 minutos. Pero de qué sirve la rapidez si la instalación es mala o incómoda, o si la topografía es deficiente. Hay que prestar atención a la seguridad. A realizar las exploraciones de modo eficiente y organizado. Hay que aprender a economizar fuerzas y hay que ser capaz también de ayudar al compañero que viene más cansado que uno, quitándole peso y asegurándolo o ayudándolo en un paso difícil. Hay que distribuir el peso de equipos y tareas a realizar entre los distintos integrantes del grupo, porque la espeleología es en esencia un trabajo de equipo, donde la cooperación y ayuda mutua resultan indispensables. Y eso no se aprende en competiciones, sino en la práctica, sobre el terreno. Hoy sobran las mentalidades egocéntricas y competitivas.

Explorando la Cueva de Las Brisas (Perijá, frontera con Colombia, 2007). Con: F.Blanco, M.Nieto, F.Herrera y J.Acosta.

¿Crees que estas competiciones crearan la “Escuela” suficiente de nuevas generaciones de Espeleólogos? ¿Ó habría que buscar otras alternativas para acercar a la juventud a ésta actividad?

No, más bien contribuye a la deformación antes comentada. Sí es conveniente realizar prácticas al aire libre, en algún puente o pared de roca de fácil acceso. Y ensayar ahí el ascenso y descenso, sin y con peso, pasando nudos y fraccionamientos. La práctica repetida, bajo la guía de alguien que ya tenga experiencia, permite ajustar bien los equipos y afinar la técnica de ascenso. Uno mismo puede comprobar cómo mejora, con prácticas sucesivas, hasta alcanzar un buen nivel.

No creo tampoco que haya que acercar a la juventud a esta actividad. Las personas deben acercarse por motivación propia. No soy partidario de la masificación y el turismo, sino de los grupos compenetrados, que pueden ser pequeños, pero que comparten un entusiasmo común. Se debe tener una política de puertas abiertas y se pueden hacer salidas a cavidades fáciles para animar a los más nuevos. Pero se debe educar en que cada integrante debe también esforzarse y aportar al grupo, contribuyendo en las tareas que se realicen. Conviene a su vez fomentar el estudio y desarrollar planes que culminen en la publicación de resultados concretos.

¿Cómo ves tú el panorama actual de la Espeleología?

Hay personas que hacen interesantes trabajos en exploración de nuevas cavidades y en distintas disciplinas científicas. Contribuciones en verdad interesantes. Mientras que hay grupos que no aportan absolutamente nada de interés, limitándose al caving, o viviendo del prestigio que pudo adquirir el grupo en el pasado, pero sin aportes propios. Hay que tomar como referencia a los primeros. La ciencia es universal y las referencias mejores muchas veces las encontraremos muy lejos de los pequeños feudos anclados en lo local. La espeleología es una actividad potente y en pleno desarrollo, como lo demuestran los sucesivos avances en los más diversos lugares del mundo.

Algo que nos hayamos dejado en el tintero y te gustaría resaltar.

Que la espeleología es sólo una faceta más en la vida humana, la cual es muy rica en muchas otras facetas. Por consiguiente debemos tender primero a ser buenos seres humanos, respetuosos con la naturaleza, con las rocas y con los seres vivos, y solidarios con nuestros semejantes, y sólo después viene la espeleología, como ingrediente adicional.

Un deseo espeleológico para el futuro.

Tratar de hacer más con menos, y disfrutar con lo que haces. Elige lo que de verdad te guste, da los pasos necesarios y ponte manos a la obra. No te quedes deseando.

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